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Familia, Jóvenes

La solidaridad “pirata”

Por Salvador I. Reding Vidaña (http://www.yoinfluyo.com/)

Créditos: yoinfluyo.com

Siempre hay que estar con los demás, apoyarlos, ser solidario. ¿Siempre? Cuidado. Así como no todos los cuidados paternos son buenos, tampoco toda la solidaridad es buena. Los cuidados de los padres pueden ser cosas equivocadas, como la sobreprotección, el decidir por ellos para que no se equivoquen y tolerarles conductas indebidas  porque “es mi hijo, caray”.

Igualmente, hay de solidaridades a solidaridades en muchas formas de relación humana. Siguiendo el tema paterno, un padre o una madre solapan esa conducta indebida del hijo por una errónea concepción de solidaridad familiar. ¡Hay que protegerlo, hasta de la justicia si es el caso!

Créditos: yoinfluyo.comAsí, una familia, por ejemplo, protege a un miembro de ella que acaba de cometer un crimen, y lo esconde y ayuda a fugarse para que no sea sometido a la justicia. Exactamente lo contrario que considerarían correcto cuando un individuo comete un crimen contra un miembro de la propia familia. Que se aplique la justicia en los demás, pero no en los míos.

En casos como estos, debe prevalecer el respeto a los principios sobre la solidaridad con quien no la merece, ya que se trata de una solidaridad equivocada, llamémosla “pirata”. La solidaridad con sociedad en que se vive debe prevalecer.

Por el contrario, hay padres que al saber que un hijo suyo se ha convertido en criminal, en especial en asesino, lo entrega a la policía, pues su solidaridad es más con los principios, los valores, la sociedad que con quien ha traicionado todo eso.

Ya en plano macro-social, encontramos que hay muchas formas de solidaridad pirata, a diversos niveles, a veces en forma personal, pero en otras institucional u oficial. Veamos algunos casos de muestra.

Un ejemplo clásico, que lamentablemente puede ser legal, es el de las llamadas huelgas por solidaridad o de apoyo. Se trata de casos en que un sindicato emplaza a huelga a su patrón, siendo un asunto completamente interno de la empresa, que no afecta a terceros, pero que es motivo para que otros sindicatos de empresas del mismo ramo o de entidades gubernamentales, según el caso, hagan huelga también, por apoyo o solidaridad. En casos en que el interés en juego no afecta directamente a su relación laboral, se afectan derechos de terceros, no responsables de nada: los otros empresarios del ramo.

A veces ni siquiera se trata de empresas del mismo ramo o actividad. Vemos así cómo si una institución o empresa enfrenta una huelga, organizaciones sindicales totalmente ajenas hacen paros de actividades totalmente ilegales; ni siquiera son verdaderas huelgas, son suspensiones de trabajo “por solidaridad”, fuera de la ley.

En estos casos, los apoyos son prácticamente todos juegos de poder político. Lo importante es, como se dice en la jerga mexicana política, “mostrar el músculo”. Se hacen ejercicios de fuerza, de poder, para mostrar sobre todo a los gobernantes que no pueden con ellos, que hacen lo que les da la gana. Son casos clásicos de “solidaridad pirata”, porque disfrazados los hechos de apoyo solidario no son más que acciones políticas en su propio favor. Lo más probable es que les importe un bledo el problema de quienes dicen apoyar.

Esto lo vemos con movimientos estudiantiles, ajenos al sindicalismo, que en un supuesto acto o serie de actos “de solidaridad”, olvidan sus clases y marchan y hacen motines, desmanes y daños en propiedad ajena. Sin duda que muchos de los estudiantes creen que con eso apoyan a otros, generalmente obreros y campesinos, pero evidentemente no entienden lo que es solidaridad. Esto lo vemos en diversos países.

Otra forma de falsa solidaridad, es la que una chusma enfurecida toma para “apoyar” a las víctimas de delitos diversos. Si acorralan al presunto culpable, que en buenas ocasiones es inocente, proceden a lincharlo y hasta a matarlo, pues aducen que el gobierno no es confiable en hacer justicia. Sobran los ejemplos, y una vez cometida la atrocidad, nadie se manifiesta culpable. Lo más grave es que aún resultando inocente el linchado, creen que hicieron lo correcto: no hay remordimientos.

Clásico es el ejemplo de los encubrimientos entre militares y policías, cuando uno de sus pares comente un crimen, grave sobre todo, como homicidio doloso. La protección mutua para esconder cualquier cosa que pueda incriminar al compañero, ayudarle a huir, porque dicen los policías “perro no come perro”.

La solidaridad pirata también se da entre los policías que no comparten prácticas corruptas. Son un estorbo, no están en el “entre”, “on the take”, dicen en inglés. Los corruptos no solamente exigen que sus compañeros honestos no denuncien, sino que les reclaman que no participen de la corrupción, eso les parece intolerable. El lenguaje cambia con los países e idiomas, pero el concepto es el mismo.

En acciones militares o combates contra enemigos, o contra ciudadanos amotinados, hay militares que se permiten cometer atrocidades y graves violaciones a los derechos humanos, sin que alguien (salvo excepciones honrosas), haga alguna denuncia o colabore a esclarecer investigaciones formales. Se supone que el mutuo encubrimiento es solidaridad.

Las pandillas juveniles (y las no tanto también) cuando acostumbran realizar cotidianamente hechos delictivos, exigen a los demás, sobre todo recién iniciados en el grupo, que por solidaridad cometan también delitos, que demuestren que están con ellos.

En el plano de la política se dan mucho las actitudes y acciones de solidaridad pirata. Así por ejemplo, un gobierno que “detesta al imperialismo”, centrado en los Estados Unidos, pero pudiendo incluir a otros países. Se apoya a un país “víctima” (real o supuesta), de los imperialistas o de la “oligarquía internacional”. Toman acciones de repudio que llegan a incluir el daño a las personas y sus bienes, si son ciudadanos de esos países imperialistas. Confunden a los individuos con sus gobiernos.

Estos actos de solidaridad política internacional llega hasta a hacer la guerra contra una nación que no les ha hecho daño. Aprovechan para participar con la esperanza de obtener algún botín de guerra, en dineros, bienes, territorios o ámbitos de poder. De nuevo esta solidaridad equivocada puede ser producto de falsos concepciones de la misma, de un disfraz para sacar provecho o una mezcla de ambas.

Hay que tener cuidado con las falsas solidaridades; no caer en su juego, denunciar los casos que se conozcan y, muy importante, enseñar a los niños y jóvenes a distinguir los casos auténticos de las solidaridades “pirata”.

@yoinfluyo

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